Iglesia de Santa María de Letur, secretos por descubrir

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La Iglesia mayor de Letur conocida como de La Asunción y antes como la de Santa María, llena en otro tiempo de retablos, tallas y orfebrerías, guarda una serie de mensajes esculpidos en sus piedras que pueden pasar desapercibidos, pero que si nos fijamos detenidamente nos pueden sorprender.

Cruces tumularias

El término cruces tumularias,  ha sido acuñado por el historiador e investigador toledano Manuel Palencia. Él es el presidente de la asociación Cuéntame Toledo, y  el descubridor de lo que denomina “grafitos históricos”.

Siempre habíamos pensado que las dos marcas que aparecen en la iglesia, una en la torre, en el lado del mediodía y en su parte izquierda, y la otra en la portada principal, junto a la pilastra izquierda, eran marcas de los canteros que forjaron el templo, pero cual sería nuestra sorpresa cuando hace un tiempo conocimos las publicaciones y un vídeo de Manuel Palencia sobre la ciudad de Toledo, descubriendo, con sorpresa, que estas marcas de la parroquial de Letur eran similares a las de la ciudad imperial.

Entre los SS. XVI, XVII y XVIII, los duelos y las reyertas estaban a la orden del día, los gobernantes intentaban prohibir estos cruentos acontecimientos. Ni la Iglesia, después del concilio de Trento, bajo la amenaza de excomunión y la prohibición de enterrar en sagrado a las victimas de estos crímenes, lograba frenar estos trances que terminaban en muertes trágicas. Por eso los familiares y amigos de los difuntos labraban estos símbolos para  que cada vez que pasaran por estos lugares pudieran recordarlos y rezar una oración por su alma. Tanto las cruces que aparecen en Toledo como las de Letur, están formadas por dos partes, una un túmulo en forma de almendra o montículo, que simboliza la tumba del finado, aunque éste estuviera enterrado en otro lugar, y otra una sencilla cruz que corona el enterramiento.

Amuletos y talismanes

Si entramos dentro del templo y observamos las bóvedas de la nave central, capillas y coro, veremos diferentes símbolos tales como la cruz de Santiago, la concha de peregrino, una Virgen amantando a Cristo, el árbol del Paraíso con la serpiente, algún escudo nobiliario o elementos decorativos de lo más variado, pero lo que nunca nos esperaríamos encontrar es un amuleto que un cantero nos legó para la posteridad.

Tenemos que dirigirnos a la capilla del Nazareno, y en una de las claves de su bóveda de crucería aparece representado el brazo izquierdo con la mano cerrada, mostrando el pulgar entre los dedos índice y corazón. Siempre habíamos pensado que este símbolo formaba parte del escudo nobiliario de la familia que fundó la capilla, pero al leer la novela El jardín de la oca, de la autora Toti Martínez de Leza, salimos de la duda al comprobar que lo que representa éste símbolo es una higa, llamada también mano poderosa.

Para algunos autores este talismán tiene su origen en la península Ibérica, difundiéndose por diferentes partes del mundo. Su origen deriva de  la mano de la  anciana diosa íbera  Ataegina, relacionada con la diosa Madre primigenia, y muy vinculado al camino de Santiago. Es un amuleto utilizado para ahuyentar el mal de ojo, al igual que la envidia y los celos, y también para protegerse contra las enfermedades y el mal inminente. Por eso antiguamente las madres acostumbraban a poner una higa de azabache al lado de los recién nacidos. Para otros autores su origen debe situarse en Anatolia, la actual Turquía, teniendo esta figura connotaciones eróticas, y vendría a ser la representación de los órganos sexuales femeninos y masculinos.

Parece ser que ese gesto, que otrora sirviera para la protección de las personas, hoy ha derivado en una indicación manual ofensiva y obscena que nos da una idea del carácter grosero y soez de quien la realiza.

Huellas labradas en las piedras centenarias, que nos hablan de nuestra historia más antigua, mensajes que no han desaparecido aunque hayan pasado los siglos, y que nos cuentan las vivencias y realidades de aquellas gentes que nos precedieron.

Francisco Javier Pérez Tomas para SIERRA VIVA

En estos días de Semana Santa puedes aprovechar para ir a ver este templo y descubrir más secretos del mismo.

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